El Barcelona ha eliminado de la copa a todo un campeón. Si bien es cierto que el encuentro anterior decidió mucho acerca de quién iba a pasar a semifinales, el Real Madrid sale fortalecido debido a lo contrastante de las imágenes dejadas en uno y otro encuentro. El rey le había servido en bandeja de plata la soberanía al Barcelona en la primera batalla; en ella demostró estar temeroso de los poderes mágicos de su rival, se dedicó a defender su castillo con el escudo, casi olvidándose de la espada, sobre todo por consejo de su teniente, un personaje que con su boca proclama ser más que el mismísimo rey (“yo no pedí entrenar al Madrid, el Madrid me pidió que le entrenara…”) y que, por si fuera poco, dice no escuchar la voz de su reino.
Culpa también tiene de darle demasiada importancia a la labor del bufón (Pepe), a quien quiso convertir en cerebro de las operaciones y demostró no estar a la altura de semejante rol. El reino le exigió un cambio a su teniente… Le exigió que si había que morir, que fuera luchando, siendo valiente, no encerrándose detrás de sus murallas y luego entregando las armas. Ante la presión, y como no podía ser de otra forma, el rey se lavó la cara y se dispuso a plantarle cara a aquel que buscaba conquistarle de nuevo. Lo mejor estaba por venir, al menos para nosotros que presenciamos esta hermosa guerra.
La segunda batalla iniciaba y el rey se armó de espíritu para defender hasta la muerte su reino, pero esta vez… atacando. Los primeros golpes los daba el Madrid, ante la sorpresa de un Barcelona que a pesar de controlar el balón no podía acercarse a la puerta del castillo madridista. Esta vez el cerebro de las operaciones era Özil, y vaya que este si está hecho para desempeñar ese trabajo. El Madrid usaba la espada que había guardado en la primera batalla, y, contrario a su rival, sus posesiones eran más verticales y estuvo cerca de derribar la fortaleza azulgrana en varias ocasiones. Algo pasaba en el Barça, la prueba ello era que cuando tocaba la pelota ya no sonaba aquella melodía hipnótica a la que se le atribuye su magia; tocaba el esférico pero lejos de poder asustar a Casillas, los pelotazos (a veces desesperados, a veces buscando infructuosamente a Alexis) parecían indicar que la presión madridista estaba funcionando… Al menos por media hora.
Los últimos 15 minutos de la primera parte fueron completamente para el Barcelona. Se asentó sobre el campo de batalla y empezó a triangular. Dos golpes, dos goles que parecían derribar al actual rey de la copa… Pero el Barça se transformó en villano de Hollywood. Tal como sucede en las películas, cuando el antagonista está a punto de asesinar al personaje principal, empieza a contarle la historia de lo que hará con él y de lo que será la vida sin él. Justo en ese momento pasa algo que lo impide y le da un giro a la situación. Así fue la segunda mitad. El Barça empezó a tocar como si nada más en el mundo importara. Se olvido de la portería y de aquella máxima que dice que a tu rival le debes dar el tiro de gracia, por respeto al mismo, lo contrario, juguetear con él, sería querer humillarlo.
El Madrid se encontró con un genial pase de Özil para Cristiano, quien convirtió el primero tras dejar atrás a un Pinto que se venció antes de tiempo. Difícil imaginar un partido más emocionante que el que nos dejó el empate después de un hermoso gol de Benzema. El Madrid se lanzó a por la victoria con el puñal entre los dientes. El Barcelona resistió dándole entrada a Mascherano; tuvo tres (dos disparos de Messi y un cabezazo de Pedro) y a seguir tocando y dejar que pasara el tiempo, dejarle lo menos posible la pelota al Madrid que no tuvo otra de peligro, pero que cada vez que se hacía con el balón provocaba un silencio tal que se podía escuchar el zumbido de una mosca. Nervios hasta el pitido final. Cayó el actual rey con las botas puestas, luchando como lo quería todo su reino. Venció el Barcelona. El Madrid lavó su escudo. La gloria se reparte por igual.
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El arbitraje
Lejos de lo que muchos piensan, creo, desde mi humilde punto de vista, que el referí no se equivocó en ninguna de las jugadas en las área, salvo en la mano de Abidal (hubo penal, precedido de juego peligroso por parte de Ramos; pero si ni los once jugadores de blanco en la cancha lo vieron, ¿cómo lo iba a ver el árbitro?). No hubo penal de Pepe sobre Alexis en ninguna de las dos ocasiones, ni de Puyol sobre Benzema. Tampoco hubo mano de Busquets, el balón le da en el abdomen. El gol de Ramos está bien anulado.
Sin embargo, al momento de mostrar tarjetas me parece que el colegiado se equivoca. Lass, Pepe (por una entrada a Pedro como último jugador) y Alves (por reiteradas faltas) no debieron acabar el partido.
Andújar Oliver es una de las voces más escuchadas cuando se trata de hablar de árbitros, y pues, opino lo mismo que él.